Lunes , 27 Febrero 2017

Psicología social: El síndrome de Solomon

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En 1951, el psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social: En una clase se juntó a un grupo de siete alumnos/as, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.

Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno/a que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.

La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría.

La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.

Sólo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les preguntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. Tanto es así, que los alumnos/as cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos/as voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.

La conclusión es unánime: Estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.

Experimento de Solomon Asch

Se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso (e incluso triunfar) por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás.

El síndrome de Solomon revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Además, confirma que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás del síndrome de Solomon se esconde la envidia. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.

El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la menudencia de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas (movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad) puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.

Fuente

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4 Comentarios

  1. muy buen articulo ¿entonces este complejo de salomon puede ser grupal,contagioso por ejemplo en un curso de alumnos ,la mayoria o son conformista o por mayoria tambien pueden querer destacarse? perdon si no se entiende .

  2. Gracias Alejandra.
    Como bien dices, el complejo de Salomon puede darse en un grupo de alumnos/as prefectamente.
    Lo que ocurre es que la mayoría prefiere no contestar una pregunta “por miedo a acertar”, pues creen que su grupo de iguales les rechazarán por ser tan “buenos estudiantes”. Por el contrario, al no responder la pregunta o contestarla de manera errónea entonces piensas que así estás al mismo nivel que los demás y que no serán rechazados.
    Dicho de otra manera, el complejo de Salomon reside en que los seres humanos preferimos no destacar delante de nuestro grupo de iguales para evitar que, por envidia, rompan nuestra relación.

  3. Encuentro excelente el reportaje.Aún siendo en el año que realizó la entrevista.No conocía ese complejo por supuesto con ese nombre pero al ir leyéndolo me di cuenta que a mi alrededor existen personas así. Es muy claro el enfoque que le da.

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