martes , 17 julio 2018

Los diez aspectos claves de una Educación Infantil de calidad (Parte I)

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Durante dos entradas en el blog, recogeré resumidos los aspectos fundamentales que Miguel Ángel Zalbalza (catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Santiago de Compostela) considera esenciales para alcanzar una Educación Infantil de calidad.

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1. Organización de los espacios
La Educación Infantil posee características muy particulares en lo que se refiere a la organización de los espacios: Requiere espacios amplios, bien diferenciados, de fácil acceso y especializados (fácilmente identificables por los niños/as tanto desde el puso de vista de su función como de las actividades que se realizan en ellos).
Resulta importante también la existencia de un espacio donde puedan llevarse a cabo tareas conjuntas de todo el grupo: Asambleas, dramatizaciones, ritmo…

2. Equilibrio entre iniciativa infantil y trabajo dirigido a la hora de planificar y desarrollar las actividades.
Diferentes modelos de Educación Infantil insisten mucho en la necesidad de dejar espacios y momentos a lo largo del día en los que sea cada niño/a quien decida lo que va a hacer. Autonomía que se combina con los periodos de trabajo dirigido destinado a afrontar las “tareas clave” del currículo.
La presión del currículo no puede sustituir, en ningún caso, el valor educativo de la autonomía e iniciativa propia de los niños y niñas. Pero, a la vez, los profesores/as debemos planificar también momentos en los que el trabajo está orientado al desarrollo de aquellas competencias específicas que figuran en la propuesta curricular.

3. Atención privilegiada a los aspectos emocionales.
Todo en la Educación Infantil está teñido de aspectos emocionales: Desde el desarrollo psicomotor, al intelectual, al social, al cultural.
La emocionalidad actúa sobre todo en el nivel de seguridad de los niños/as que es la plataforma sobre la que se construyen todos los desarrollos. Conectado a la seguridad está el placer, el sentirse bien, el ser capaz de asumir riesgos y afrontar el reto de la autonomía, el poder ir asumiendo progresivamente el principio de realidad, el aceptar las relaciones sociales…

4. Uso de un lenguaje enriquecido.
Sobre el lenguaje se va construyendo el pensamiento y la capacidad de decodificar la realidad y la propia experiencia, es decir,
la capacidad de aprender.
La cuestión está en crear un ambiente en el que el lenguaje sea el gran protagonista: Hacer posible y presionar para que todos los niños/as hablen; llevar el hablar cada vez más lejos a través de una interacción educador-niño/a que le haga poner en juego todo su repertorio y superar constantemente las estructuras previas.
Explicar qué es lo que va a hacer, contar qué es lo que ha hecho, describir los
procesos que le han llevado al resultado final (cómo y para qué), establecer hipótesis (por qué), construir fantasías, narrar experiencias… Cualquier oportunidad es buena para ejercitar el lenguaje.

5. Diferenciación de actividades para abordar todas las dimensiones del desarrollo y todas las capacidades.
Aunque el crecimiento infantil es un proceso global e interconectado, no se produce ni de manera homogénea ni automática. Cada ámbito del desarrollo requiere de intervenciones que lo refuercen y vayan sentando las bases de un progreso equilibrado del conjunto.


Zabalza, M.A. (1996): Calidad en la Educación Infantil. Madrid: Narcea.

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